La palabra como arma (Utopía Libertaria nº 36) por Emma Goldman

La palabra como arma (Utopía Libertaria nº 36) por Emma Goldman

Titulo del libro: La palabra como arma (Utopía Libertaria nº 36)

Autor: Emma Goldman

Fecha de lanzamiento: August 30, 2018

Editor: Libros de Anarres

Emma Goldman con La palabra como arma (Utopía Libertaria nº 36)

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La historia del desarrollo y crecimiento humano es, al mismo tiempo, la historia de la terrible lucha de cada nueva idea anunciando la llegada de un muy brillante amanecer. En su tenaz mantenimiento de la tradición, lo Viejo con sus medios más crueles y repugnantes pretende detener el advenimiento de lo Nuevo, cualesquiera sean la forma y el período en que éste se manifieste. No hace falta que retrotraigamos nuestros pasos hacia un pasado distante para darnos cuenta de la inmensidad de la oposición, las dificultades y adversidades puestas en el camino de cada idea progresista. [...] El anarquismo no podía esperar escapar del destino de todas las demás ideas innovadoras. De hecho, como el más revolucionario e inflexible innovador, el anarquismo necesariamente debe toparse con la combinación de la ignorancia y la malicia del mundo que pretende reconstruir. [...] El extraño fenómeno del rechazo al anarquismo es que ilumina la relación entre la denominada inteligencia e ignorancia. Y aun esto no es tan extraño cuando consideramos la relatividad de las cosas. La masa ignorante tiene a su favor que no pretende aparecer como sabia o tolerante. Actuando, como siempre lo hace, por mero impulso, su razonamiento es como el de los niños. ¿Por qué?, Porque sí. Aun así, la oposición del no educado hacia el anarquismo merece la misma consideración que la del hombre inteligente.
Por tanto, ¿cuáles son sus objeciones? Primero, que el anarquismo es impracticable, aunque un bello ideal. Segundo, que el anarquismo conlleva violencia y destrucción, y por tanto, debe ser repudiado como vil y peligroso. Tanto el hombre inteligente como la masa ignorante realizan sus juicios, no a partir de un conocimiento del mismo, sino a partir de habladurías o de falsas interpretaciones. [...] Los sentimientos del hombre ignorante son mantenidos en el oscurantismo mediante las historias más sangrientas sobre el anarquismo. Nada es demasiado ofensivo para ser empleado en contra de esta filosofía y sus defensores. Por lo tanto, el anarquismo representa para el no letrado lo que el proverbial hombre malo para un niño: un monstruo negro empeñado en engullirse todo; en pocas palabras, la destrucción y la violencia.
¡Destrucción y violencia! ¿Cómo va a saber el hombre ordinario que el elemento más violento en la sociedad es la ignorancia; que su poder de destrucción es justamente lo que el anarquismo está combatiendo? Tampoco está al tanto de que el anarquismo, cuyas raíces, como fuera, son parte de las fuerzas naturales, destruyendo, no el tejido saludable, sino los crecimientos parasitarios que se nutren de la esencia vital de la sociedad. Simplemente está limpiando el suelo de hierbajos y arbustos para que, con el tiempo, dé un fruto saludable. [...] El anarquismo es la única filosofía que brinda al ser humano la conciencia de sí mismo; la cual mantiene que Dios, el Estado y la sociedad no existen, que sus promesas son nulas y están vacías, en tanto sólo pueden ser alcanzadas plenamente a través de la subordinación del hombre. El anarquismo es, por tanto, el maestro de la unidad de la vida; no sólo en la naturaleza, sino en el hombre. No existe conflicto entre los instintos individuales y sociales, no más de los que existen entre el corazón y los pulmones: uno es el recipiente de la esencia de la preciosa vida, el otro el recipiente del elemento que mantiene la esencia pura y fuerte. El individuo es el corazón de la sociedad, conservando la esencia de la vida social; la sociedad es el pulmón, el cual distribuye el elemento que mantiene la esencia de la vida –esto es, el individuo– pura y fuerte. [...] El anarquismo es el gran libertador del hombre de los fantasmas que lo ha mantenido cautivo; es el árbitro y pacificador de las dos fuerzas para una armonía individual y social.
Emma Goldman